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Bocamina I: la historia detrás de la primera unidad de la termoeléctrica que finalizará sus operaciones este 31 de diciembre

Tras 50 años de funcionamiento, este jueves 31 de diciembre culminará sus operaciones de forma definitiva la central termoeléctrica a carbón Bocamina I, en la comuna de Coronel, Región del Biobío.

Bocamina I, propiedad de Enel Generación Chile, ejercía principalmente como central de respaldo cuando las hidroeléctricas no daban abasto para satisfacer el consumo energético del país, lo que solía suceder entre diciembre y mayo.

El cierre de esta unidad termoeléctrica estaba programado para fines de 2023. Sin embargo, Enel solicitó a la Comisión Nacional de Energía adelantar el cese de operaciones, con miras a acelerar el proceso de transición energética.

“Hoy damos un nuevo paso para alcanzar la descarbonización de nuestra matriz de generación en Chile y así, seguir liderando una transición energética justa para todos basada en el desarrollo de energías renovables”, destacó Paolo Pallotti, gerente general de Enel Chile.

“Junto con la desconexión de la unidad I de Bocamina, que adelantamos en tres años, seguimos a paso firme en la ejecución de nuestro plan de crecimiento de proyectos renovables, con una cartera actualmente en construcción de 1,3 GW, para en 2023 añadir 2,4 GW de energía limpia”, agregó Palotti.

El papel de la central a lo largo de los años

Corría 1970 y Bocamina I comenzaba sus operaciones en Coronel, en medio del importante polo industrial que tiene lugar en el Gran Concepción.

En aquel entonces, cuando la energía renovable estaba a años luz de distancia (el primer parque eólico industrial de Chile data de 2007, con el Parque Canela, propiedad de Enel, y la primera planta de energía solar a escala industrial fue inaugurada en 2012), Bocamina I era una fuente más que necesaria para abastecer de energía a las industrias de la zona y también del país.

Para su funcionamiento, la central termoeléctrica de 128 MW compraba el carbón que se extraía de esta tierra, ligada a la minería carbonífera desde el siglo XIX y cuya historia incluso retrató la famosa obra “Subterra” del escritor lotino Baldomero Lillo, la cual además fue llevada a la pantalla grande en 2003.

Pero Bocamina I no sólo ocupó un rol importante durante sus primeros años de funcionamiento, pues décadas más tarde, entre 1998 y 1999, cuando la sequía azotaba al país y la crisis energética obligaba a un estricto racionamiento eléctrico, la central adquirió aún más preponderancia.

De hecho, la compleja situación eléctrica que se vivía, que incluso derivó a que por un período de 10 meses los chilenos contarán con luz y energía eléctrica sólo durante algunas horas del día, llevó a que las autoridades de la época optaran por invertir en Bocamina, con el fin de mejorar su desempeño y que así esta contribuyera a “sacar de la oscuridad” al país.

Y ya en el siglo XXI, específicamente desde 2004, Bocamina volvió a ganar protagonismo, luego de que Argentina decidiera cortar el suministro de gas a Chile, un acontecimiento que sumergió al país nuevamente en una crisis, la cual se tornó crítica en 2007, motivando la construcción de Bocamina II.

“Hay que acordarse que nosotros partimos con gas argentino y de repente nos cortaron la llave del gas. Quedamos con la sequía, sin agua en las represas y más encima con el gas barato de Argentina cortado, y ahí las termoeléctricas suplieron toda la escasez de agua y toda la escasez de combustible. Entonces, realmente fueron una solución en un momento determinado”, relató a EL DÍNAMO el profesor de historia y geografía, Alejandro Mihovilovich.

Así, y de la mano de una inversión cercana a los US$ 200 millones, el complejo Bocamina recobró fuerzas y elevó sus estándares de operación. Esto, gracias a la implementación de eficientes sistemas de reducción de emisiones, que permiten disminuir éstas hasta en un 80% con respecto al límite exigido por la norma vigente, y la puesta en marcha de un programa de vigilancia ambiental del medio marino de la Bahía de Coronel, entre otras iniciativas.

Sin embargo, esta historia pronto llegará su fin, con el objetivo de dar paso a las energías renovables, cuya presencia en la matriz energética ya alcanza los 5.828 MW de capacidad instalada, lo que equivale al 23% de la generación eléctrica de Chile.

“Los avances asociados a las fuentes de energía basadas en el sol, el viento, etc., han cambiado totalmente la forma de producir electricidad y esto va dejando de forma obsoleta este tipo de centrales a carbón. Veámoslo con esperanza y pensando que los cambios van a ser para mejor”, añadió Mihovilovich.

El cierre programado de Bocamina I, al que luego le seguirá el de la Unidad II en mayo de 2022, contempla a su vez un plan de reconversión y relocalización laboral, con el fin de brindarle nuevas y mejores oportunidades a los trabajadores del complejo.

“Todo este trabajo ha sido planeado desde el principal pilar estratégico de Enel, que es la sostenibilidad, pues creemos que esta decisión tiene impactos positivos desde el punto de vista ambiental, económico y social”, resaltó Michele Siciliano, gerente general de Enel Generación.

En esa misma línea, el ejecutivo de Enel agregó que, además, “estamos desarrollando un plan para definir la forma en que podría ser reutilizado el sitio donde actualmente se encuentra la central y/o parte de la infraestructura existente, analizando opciones en función de las características particulares de los activos, y que podrían ser desarrolladas por Enel y/o por terceros, dependiendo de la actividad de la que se trate, descartando desde ya, la instalación de nueva generación de energía eléctrica que no sea de fuentes renovables”. 

Esta publicación aparece primero en El Dinamo

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