Desde hace años, el príncipe Andrés de Inglaterra, duque de York, ha sido una espina clavada en el corazón de la monarquía británica. Su caída en desgracia ocurrió cuando la estadounidense Virginia Giuffre presentó en Nueva York una demanda por agresión sexual en su contra, en el marco de la red de prostitución montada por el pedófilo Jeffrey Epstein y su pareja, Ghislaine Maxwell.

En su testimonio, Giuffre afirmó que fue obligada a tener relaciones sexuales con Andrés en tres ocasiones y lugares distintos, incluso cuando tenía 17 años. En ese entonces, la madre del príncipe, la reina Isabel II, reaccionó despojándolo de todos sus privilegios reales, títulos militares y patrocinios.

Pero en 2021 ella aceptó llegar a un acuerdo extrajudicial con su supuesto victimario a cambio de 10 millones de libras, lo que permitió al príncipe acallar a su acusadora y generar un manto de duda acerca de su culpabilidad.

Ahora, sin embargo, el príncipe Andrés se ha convertido en una suerte de muerto caminando para la familia real, porque tras la reciente difusión por un tribunal de Nueva York de documentos que detallan el accionar del ya fallecido Epstein, surgieron numerosos nombres de personalidades involucradas en el caso, Andrés, entre ellas.

Resolver el problema de Andrés

El duque, que intentado vanamente reconstruir su destrozada imagen pública, aparece mencionado 69 veces en los nuevos archivos revelados, en los que se indica que estuvo involucrado en “actos de abuso sexual” y que habría participado en una orgía con menores. Fue la gota que derramó el vaso.

Según la prensa británica, su hermano, el rey Carlos III, pretende obligarlo a dejar Royal Lodge, la mansión de 10 habitaciones ubicada en la ciudad de Windsor donde vive desde 2003, y que se traslade a una residencia más pequeña, propia de su estatus de “degradado”. Agregan que, además, nunca se le permitirá regresar a sus deberes con la Corona.

Había planes para desalojarlo desde antes. De hecho, el duque de York había resistido las peticiones de Carlos III para trasladarse a Frogmore Cottage, la residencia que el príncipe Enrique y su mujer, Meghan Markle, habitaban antes de marcharse a EE.UU.

Pero fuentes citadas por el Daily Mail señalaron que los documentos judiciales dados a conocer esta semana, aunque no habrían tomado por sorpresa al soberano, sí lo impulsaron a tomar la decisión de resolver el “problema de Andrés” de forma definitiva.

 

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