El presidente de Mali, Ibrahim Boubacar Keita, quien está en el gobierno desde 2013, presentó su renuncia y la de todo su gobierno a través de una declaración transmitida por la televisión nacional, tras haber sido derrocado en un golpe de Estado.

“No deseo que se derrame más sangre por mantenerme en el poder. Durante siete años he tratado, con gran alegría y felicidad, de poner a este país de nuevo en pie”, dijo Keita, quien fue presentado por el canal oficial ORTM1 como “presidente saliente”.

IBK, como se le conoce popularmente, dio a entender que su renuncia fue forzada por los militares participantes en el golpe de Estado. “¿Tengo acaso otra opción?”, se preguntó, tras recordar que “ciertos elementos de las Fuerzas Armadas han concluido que esto debía terminar mediante su intervención”.

Ayer, un grupo de militares ejecutaron un golpe de Estado en Mali, y detuvieron al presidente y su primer ministro, Boubou Cissé.

“Podemos decirle que el presidente y el primer ministro están bajo nuestro control. Los hemos detenido en su domicilio”, declaró un líder militar luego del arresto.

Las condenas al golpe de Estado en Mali han llegado desde todas las instituciones: la Unión Africana, la Unión Europea, la ONU, Estados Unidos y la antigua potencia colonial, Francia.

Desde hace varios meses, la crisis política en Mali pasó de manifestaciones pacíficas que criticaban la gestión de gobierno a protestas violentas entre civiles y policías para exigir la renuncia de Ibrahim Boubacar Keita.

La tensión en este país se intensificó luego de que el mandatario fuera reelecto en 2018 en unos comicios que, según la oposición, estuvieron marcados por serias irregularidades.

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